"Delectando pariterque monendo" Horacio

9 dic. 2017

El Arte Sureño más "norteño"

 El título de esta entrada no es más que un juego de palabras para dar una idea de por donde nos hemos movido este otoño en busca de cavidades con pinturas rupestres del denominado Arte Sureño; ese que tiene su máxima densidad en los abrigos y cuevas del Campo de Gibraltar y La Janda. En esta ocasión ha sido por los más "norteños" roquedos de arenisca, ya cercanos a las calizas jurásicas de la Sierra de Grazalema. Allí hemos visitado un "santuario" de reciente descubrimiento, algunos abrigos menores con pinturas muy perdidas y, para rematar, hemos encontrado un singular arco de roca en cuyo erosionado interior resisten algunas pinturas hasta ahora no catalogadas.

Nos movemos por un alcornocal mezclado con acebuches.
  
 Hace poco que llovió pero la llegada inmediata del frío hace difícil que solo veamos setas en plena temporada. Bueno, una sí que vimos.

 Lo que si encontramos por el suelo del bosque son algunas cuernas de gamo y venado.

Casi en lo más alto de un cerro ya se adivina un roquedo.

Simón nos ha llevado a uno de sus últimos descubrimientos (verano de 2015). El complejo de Cuevas del Laurel. Un berrueco de arenisca con varios abrigos, grietas y cavidades que seguramente fue un santuario prehistórico y del que, por suerte, todavía quedan tres paredes con pinturas.
 
Empezamos por Laurel III. El abrigo más amplio y que por tanto ha sido más utilizado como refugio por animales y gente del monte.

 Por suerte en las zonas más altas de la pared se han conservado trazos y dibujos esquemáticos. Solo la "chorrera" blanca que deja un cernícalo, cuando descansa en una repisa, sigue tapando alguna pintura.

En un lateral queda parte de un dibujo incompleto (lo hemos destacado en formato "gif", como algunas de más adelante) por la pérdida de soporte. La laja ha caído por algún efecto natural (erosión) o quizás humano (al hacer fuego junto a la pared).

Dos grandes dibujos. El de la izquierda nos recuerda a un "estandarte" similar en la Cueva de Atlanterra (más conocida ahora como Cueva de las Orcas, la que se ha protegido con rejas este año cerca de Zahara de los Atunes).
 
 Una de las figuras más destacables y con gruesos más anchos: queremos ver un gran íbice con los cuernos hacia atrás y quizás montado sobre otra figura anterior.

Bonita pared cuajada de helechos (Davallia canariensis) sobre Laurel III.
 
Rodeando el paraje llegamos a Laurel I. Un hueco extraplomado que debió guardar un amplio panel con pinturas. Está orientado a levante y el viento aquí es un agente más agresivo.


A pesar de ello se advierten algunos trazos de difícil interpretación y una figura con forma de sol (abajo a la derecha).

En el techo se mantiene un característico nido de vencejo cafre (Apus caffer). Rara ave de origen africano que empezó a criar en la península en 1964 (1ª observación de nuestro amigo Olegario del Junco en la costa de Zahara). Adorna la entrada con plumón y es un ave muy territorial que expulsa a otras golondrinas de su zona, incluso ocupa sus nidos.
 
El nombre de Cuevas del Laurel proviene de los laureles que aprovechan la humedad entre paredones para formar un buen bosquete repartido por el roquedo.

Un laurel (Laurus nobilis, especie protegida) lleno de bayas sobresaliendo entre las rocas.
 
El escaso suelo está cubierto casi exclusivamente por hojas de laurel. Crujen secas a nuestro paso mientras desprenden su agradable aroma.
 
Rafael revisa huecos y paredes sin ningún resultado. La roca está lisa y brillante del roce de los animales (herbívoros) que se refugian aquí.
 
Abrigo de complicado acceso y sin pinturas (posiblemente por la fuerte erosión).

En un pináculo del roquedo que parece inaccesible se advierte el hueco de Laurel II. El mejor abrigo con representaciones.

 
  Acceso a Laurel II.
 
Allí arriba se guarda un fantástico panel con figuras muy interesantes: danzantes, ídolos, escalones, ... una joya del Arte Sureño.

Posiblemente la representación más singular. Una figura humana con tocado, un chamán que sube por unos escalones dibujados sobre una forma ondulada, vertical y natural de la roca. Abajo dos ídolos oculados.
 
Y otra imagen muy especial es esta escena que describe un enlace hierogámico; la representación de una escena de enlace sagrado o tribal entre un hombre y una mujer. Consta de una figura masculina con el pene bien marcado y a su derecha una figura femenina con una especie de bolsa entre las piernas, en una clara alusión al embarazo o ya directamente el parto; ambas figuras están enlazadas por pies y manos y todo dentro de un círculo de puntos.

Desde las alturas de Laurel II.

Dejamos las Cuevas del Laurel, fascinados por lo que hemos visto.

Paramos a comer algo y allí alucino con esta placa de arenisca en la que veo un ídolo de piedra con grandes ojos. Eso sí, algo extraviados.

Perdemos altura camino de otro roquedo con pinturas.

Nos alegra ver algunos rodales de alcornocal que nunca han sido descorchados.

Nido de avispa alfarera bien cerrado hasta la llegada de la primavera.

En una rama de quejigo cuelga este hongo "melena de león" (Hericium erinaceus).

Caja nidal en el alcornocal.

Una enorme laja inclinada nos acerca a otra cueva pintada.

Cueva del Conejo. Sobre un escalón de roca y a la que se accede por un repisa en zigzag.

En las paredes, quemadas por el fuego de algún pastor o corchero, apenas son visibles los trazos. Aunque en directo si son más fáciles de adivinar.

En una zona limpia, pero erosionada, quedan restos de pintura.

En este roquedo encontramos un pequeño helecho entre las grietas. Se trata de Cheilanthes tianei, un helecho muy raro por aquí abajo y con pocas poblaciones en la provincia.
 
Un antiguo corral para guardar ganado que aprovecha piedra natural y muros de piedra seca.

Cuando ya el sol empieza a caer nos parece ver como sus rayos se cuelan por un hueco de roca.
 
Se trata de un arco natural de piedra que apenas sobresale entre el bosque de alcornoques. ¿Y que están viendo Simón y Rafael?

Pues resulta que la sorpresa es mayor cuando vemos, en las caras internas del arco, que hay pinturas resguardadas en pequeñas hornacinas. Figuras antropomorfas con los brazos alzados. ¿Más danzantes?

Destaca esta figura humana levantando o lanzando una herramienta, o una honda!! A ver que opinan los expertos.
 
Vista de otra cara del arco con el sol de la tarde. Lo bautizamos, a efectos de catalogar sus pinturas, como "Arco de la Judía".
 
Bloques y callejones...

 
  ...que nos recuerdan a Bacinete (Los Barrios).
 
 Cerca queda la Cueva de la Albarrada. Con pinturas muy gastadas donde hay que forzar la vista. Tanto que vemos varias arañas (a la derecha en la foto).

Se trata de la especie Tama edwardsi. Típica de abrigos y paredes rocosas de arenisca, donde caza y se camufla de forma mimética con la roca.

Para acabar una novedad para nosotros, ver ese narciso campanilla (Narcissus bulbocodium) que empezamos a ver en flor siempre a partir de enero. ¡¡Y vimos varios en flor todavía en otoño!!


NOTA FINAL: Hemos evitado citar topónimos de los lugares visitados y publicar fotos con panorámicas del paisaje para preservar estos espacios hasta su mejor estudio y catalogación. Agradecer a los amigos Simón Blanco Algarín por sus descubrimientos e interpretaciones y a Rafael Sánchez Carrión por su compañía y ayuda en las identificaciones.













   

3 dic. 2017

TOLEDO y parajes naturales




Escapada a la ciudad de Toledo para visitar sus monumentos: posiblemente la mejor representación de las principales culturas de nuestra historia. Y ya que estamos por allí conocer algunos parajes naturales y singulares de la provincia: Las Barrancas de Burujón, los Molinos de Los Yébenes, los Menhires de Arisgotas, castillos, ermitas, puentes, ...
 


Después de muchos años volvemos a Toledo y la ciudad nos recibe muy cambiada: es un verdadero museo al aire libre, todo bien organizado, con restauraciones ejemplares y sin mucho turismo en estas fechas fuera de temporada alta.


Pero antes de llegar a la "ciudad imperial" disfrutamos de un atardecer en las crestas de Sierra de los Yébenes (frontera con Ciudad Real), donde se han rehabilitado una hilera de molinos de viento. 

 Al norte queda la Raña de Hontanilla, salpicada con pueblos como Orgaz y Arisgotas (topónimo de origen visigodo). Por ahí abajo está nuestra próxima etapa.

 En las lomas del Atochar quedan en pie varios menhires. Ya es tarde y solo encontramos a un señor, colombiano para más señas, que trabaja en la zona y no sabe lo que es un menhir. Por suerte hace una llamada a su jefe y este nos indica el camino correcto. Llegamos con las últimas luces y tenemos que hacer fotos con flash. 

 A primera hora de la mañana el termómetro marca en Toledo 3 grados. Pero con el sol fuera, sin viento y bien abrigados las sensación es que hace algunos más. En la foto el Puente de San Martín.

Grilletes colgados en la fachada de la iglesia San Juan de los Reyes (hay mas de 200 pares). La leyenda dice que son de aquellos cristianos esclavizados en las tierras de Al Andalus que iban siendo liberados tras el avance de los reyes católicos.

Claustro de San Juan de los Reyes.


 Techo artesonado y arcos de piedra por donde se repite constantemente el famoso lema "tanto monta".

Antigua Sinagoga Mayor de Santa María la Blanca. Bellísima.


 Es un perfecto ejemplo de cómo convivieron las tres religiones (judía, musulmana y cristiana). Fue una sinagoga para el rezo de judíos, construida por árabes y en una capital cristiana.

Desde uno de los miradores toledanos: restos de los Molinos del Daicán en el río Tajo.

 Seguimos en la judería: la Sinagoga del Tránsito.

 Techo de la sinagoga.
 
 Iglesia del Salvador. Debajo de este suelo se pueden visitar varios pisos de diferentes épocas: romana, visigoda y árabe.

 Destaca una de las columnas conocida como la Pilastra de El Salvador, de origen visigodo y con representaciones de escenas milagrosas de la vida de Jesús. Considerada la pieza más antigua de escultura figurada hispanovisigoda.

 Patio típico toledano (actualmente viviendas rehabilitadas).

Ayuntamiento y Catedral reflejados en un gran charco-fuente, obra de arte contemporáneo que no concilia una única opinión entre los toledanos (y de quien pasa por allí).

 Torre de la catedral y un viejo y enorme olmo.

 Calles de Toledo.


 

Un "trompeteo" inconfundible nos hace mirar para arriba y ver un bando de grullas que pasa, de este a oeste, sobre Toledo.

Castillo de San Servando (al otro lado del Tajo).
 
 Mezquita de Al-Dabbagin y luego iglesia de San Sebastián; actualmente sin culto y en el barrio bajo, junto al Tajo. Se utiliza para actos culturales y privados.
   
 Detalle de capitel romano en caliza y columna de granito.

 Baños de Tenerías. Uno de los seis "hammanes" que había en la ciudad.

Placa de piedra que señala el edificio que fue "Cárcel para Gente Honrada". Parece un contrasentido, pero se trataba de una cárcel para los nobles y ricos que debían cumplir alguna pena. Siempre ha habido clases.

Vista parcial de Toledo desde la torre campanario de la Iglesia de los Jesuitas. Sobresalen el Alcázar y la Catedral.
 
Mezquita del Cristo de la Luz. Pequeña pero muy interesante.


 
Calzada romana sobre la que se construiría la mezquita.

 Una de las puertas de Toledo: Puerta del Sol.

 Patio de palacete toledano.

 Tienda parada en el tiempo. En un artículo sobre Toledo hemos leído que es de las más antiguas y que su dueño, Antonio Alcalá de 86 años, es el comerciante más veterano de la ciudad, ya que lleva trabajando en este negocio familiar desde que tenía doce años.

 Podría ser Antonio Alcalá (de haberlo sabido antes le hubiéramos preguntado) aprovechando para leer un libro.

 Un artista dibuja a mano sobre camisetas, en una tienda más turística.
 
 
Una de las torres del Alcázar de Toledo es el acceso a la Biblioteca de Castilla la Mancha. La parte más alta es una cafetería con buenas vistas nocturnas (recomendable).

 Dejamos Toledo capital con esta panorámica (la más repetida) desde la "Piedra del Moro".

A pocos kilómetros de Toledo, río Tajo abajo, se encuentra un paraje geológico bestial.

 Tras informarnos en un refugio de senderistas, y tras un rato de paseo por pistas y senderos, el suave y ondulado terreno agrícola se corta brutalmente en una inmensa cárcava. Acercarse no es muy seguro y se han habilitado miradores y barreras de protección.

 Se trata de Las Barrancas de Burujón.

 Declaradas Monumento Natural en 2010 también tienen la clasificación como Zona de Especial Protección para las Aves y Lugar de Interés Comunitario.
 
 El espacio natural está formado por las aguas del Embalse de Castrejón (río Tajo) a un lado y las escarpadas cárcavas de arcilla rojiza al otro.
 
 Un sendero que discurre junto al acantilado permite disfrutar de diferentes puntos de vista del paraje.
 
 
 Las Barrancas empezaron a formarse, por la acción del agua y el viento, hace 25 millones de años. Desde el Mioceno las aguas de lo que hoy es el río Tajo han horadado este frágil terreno arcilloso. Esta acción continúa y ha provocado las escarpadas y afiladas figuras que se extienden durante más de un kilómetro, llegando a alcanzar los 120 metros de altura en su punto más elevado, el Pico del Cambrón.

 Enebros, bajo el mirador con ese nombre.

 
 

 Otro mirador y los Montes de Toledo en el horizonte.

Seguimos bajando por el mapa para visitar la iglesia de Santa María de Melque (siglo VII), considerada la mejor conservada de todas las visigodas de la península ibérica.

 Visitamos este lugar hace unos 30 años (gracias a una vetusta guía que todavía guardamos en nuestra biblioteca), cuando todavía servía para guardar aperos. Hoy se ha rehabilitado y acondicionado para la visita. Además, en un antiguo establo anexo se ha montado un museo sobre el monumento. La visita es gratuita; qué menos después de lo apartado del lugar en la inhóspita Dehesa de Melque.

A la izq. nuestra foto del ábside y altar y a la der. dibujo idealizado, incluyendo los canceles que separaban a los clérigos del vulgo.

Otro desvío en Navahermosa (ya lindando con Extremadura) nos lleva al Castillo Templario de Dos Hermanas. Un castillo con muchas leyendas, como la que cuenta que en la aldea bajo el castillo vivían brujas, curanderos, gentes que curaban el mal de ojo, que predecían el tiempo, etc. En definitiva personas practicantes de "magia blanca" o "brujería benéfica", posibles depositarios de saberes ancestrales quizás adquiridos de sus maestros templarios. Hasta el arroyo que rodea la peña del castillo tiene nombre mágico: Arroyo Merlín.  

Más adelante paramos junto al río Pusa (afluente del Tajo) para fotografiar el Puente de Malpasillo. El río se encajona entre roquedos de oscuro granito y el puente destaca construido con piedra caliza (traída de lejos) y ladrillo. 

Y salimos de Toledo (y Castilla La Mancha) por un puente con mucha historia que hace frontera con Extremadura. El Puente del Arzobispo, que cruza el río Tajo. Es de origen medieval y cuenta con once ojos. Fue construido en el siglo XIV por orden del arzobispo de Toledo, con objeto de facilitarle el paso en el camino a Guadalupe.

Y bajo los arcos del puente se encuentra la mayor colonia de aviones comunes del país. La mitad de estos varios miles de nidos, contruídos con barro de las orillas del Tajo, es extremeña y la otra manchega. Habrá que volver por este paraje en primavera, cuando el vuelo de estas simpáticas avecillas se convierte en todo un espectáculo natural.